Estambul: 3 visitas maravillosas

Llegar a Estambul en barco a través del estrecho de los Dardanelos y ver el amanecer en medio del Bósforo, con el perfil de sus mezquitas y minaretes y habillada con un vestido negro y un pañuelo en el hombro, es una de las experiencias más fantásticas que he vivido.

Todo trotamundos que se precie debe viajar a Estambul, al menos una vez en la vida.

Goza de muchos puntos de interés para el visitante. Los más conocidos son los que se ubican en el barrio de Sultanahmet: La Mezquita Azul, Santa Sofía, el Hipódromo, el Palacio Topkapi, el Gran Bazar…

Existen otros espacios que no son tan concurridos por los turistas y te harán vibrar como nunca:

Las murallas

Se conservan numerosos vestigios en la parte de la Constantinopla Imperial. Pero el tramo más majestuoso es el que se halla entre los barrios Topkapi (lejos del palacio del mismo nombre) y Bayrampasa.

A lo largo de 7 km de muralla de 12 metros de altura y 5 metros de espesor, puedes observar las  puertas, como la de Belgrado, los torreones o minaretes.

La mejor manera de verlas es a pie a través de los jardines exteriores de la muralla. Es entonces cuando te imaginas un viaje en el tiempo y retroceder 2000 años y vivir Constantinopla. Impresionante.

El Café de Pierre Loti

Pierre Loti era el pseudónimo del escritor y oficial de la marina francesa Louis Marie Julien Viaud. Sus novelas se basaban en su propia autobiografía. Había viajado por todo el mundo. Tenía una gran admiración por Turquía y pasó largas temporadas, en que inspiraron escribir “Hacia Ispahan” o su ópera prima “Aziyade”, su dramática historia de amor.

Según se cuenta en el establecimiento, Pierre Loti venía a este lugar, que entonces era el “Rabia Kadin Kahvesi” para buscar inspiración para escribir. De aquí, que años más tarde le pusieran este nombre en su honor.

Cierto o no, la realidad es que es un buen lugar para perderte. Desde la terraza del café se disfrutan de unas hermosas vistas del Cuerno de Oro. Y los anocheceres, té en mano y el canto del almuecín de fondo, ves la ciudad de Estambul infinitamente más hermosa e impresionante.

El mercado de Üsküdar

En la orilla asiática de la ciudad. Rodeado de bellas mezquitas. La vida es tranquila, sin ruidos. Parece otra ciudad. El barrio no es elegante como Beyoglu. Pero el calor humano es impresionante. Solo bajar del transbordador, la gente te observa. Pero su mirada es muy cálida. Cuando entras en el mercado, los puestos rebosan de productos locales y exóticos. Pescado, verduras, especies, cerámica, ungüentos… A precios menores que la orilla europea. En cada parada que te acercas, los mercaderes te preguntan. Quieren vender, claro. Pero a la vez tienen curiosidad por tu cultura.

La guinda del pastel es subir a la Gran Colina de los Pinos. Ofrece unas muy buenas vistas del Estambul histórico desde otra perspectiva y en Cinemascope.

Ciertamente, los tiempos son un poco convulsos para viajar a Turquía, pero, a pesar de todo, siempre ha dado una cálida bienvenida al viajero.

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